No se trataba de repetir lo que vimos en la Sala Apolo este mismo año con motivo del fino de la gira de “Tú labio superior?”. De lo que se trataba aquí era de crear atmósfera con el público, de aprovechar para arriesgarse con las versiones y las últimas composiciones, y de que el público dijera la suya.
La Sala Luz de Gas se había vestido para la ocasión: luces bajas y catires formando un anfiteatro. Un piano de cola, tres guitarras, una percusión más bien sugerente, una armónica y una flauta travesera. Y así, una vez más, Christina Rosenvinge nos volvió a conquistar.
Primero, como lo había hecho ya antes, con temas del último disco “Eclipse” “Nadie como tú”, “La distancia adecuada”, especialmente aclamada, “Anoche (el puñal y la memoria)” o “Negro cinturón”. Después, con algunas habituales de sus últimos conciertos (“A contrapelo” o “Eco”, una historia de amor con aires “trobadorescos” que sacó una lágrima a más de uno de los asistentes; con viejas composiciones abandonadas como aquellos “As the wind blows” o “Green Room” del disco “Frozen Pool” e incluso presentándonos algo de las composiciones propias de sus compañeros de escenario, con especial mención a la versión de la Velvet Undergorund que se marcaron de la mano de Chris Brokawh -apoteòsica- o el tema de Refree interpretado por Christina íntegramente en catalán.
Por si estos no fueran argumentos suficientes, todavía les quedaba un AS a la manga: la inyteractuación. Ya se sabe que quien va a verla actuar, básicamente, siento una profunda admiración por ella, y es que aquí no hay términos medios. Agradecimientos por “ser la mejor compositora del pais” o por la “coherencia de su carrera musical” no dejaron de sucederse.
Una actuación irrepetible que sólo un pequeño número de espectadores pudo disfrutar el jueves durante casi dos horas en la Sala Luz de Gas. Y todo esto, por convencer los que ya estaban convencidos, por enamorar los que ya estaban enamorados y por emocionar toda la sala con 4 palabras y 4 melodías. Y eso no lo puede decir todo el mundo.
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